Diciembre
Vamos a ver si con un poco de suerte el tiempo decide andar un poquito más deprisa por el sendero de la vida y se termina este año de una vez. No es que crea que las cosas cambien simplemente por descolgar un calendario y colgar otro en la pared, pero el fin de año siempre se toma como una oportunidad de ruptura con lo anterior, como un momento en el que empezar de nuevo es más sencillo, en el que las cosas parecen más accesibles. Y deseo con locura que ese momento llegue pronto. En la cartera me queda cerca de un euro para todo lo queda de mes. No es broma.
He agotado todos mis recursos, lo que en principio no es tan malo, pero los he agotado un mes antes de lo previsto. Y todo esto sabiendo que es posible, incluso probable, que no me vuelvan a llamar de la universidad. La idea de hacer sesiones intensivas de pesas y de prostituime en la Gran Vía madrileñ:a va tomando un atractivo que no esperaba que tomase. Estoy desesperado.
Pero no todo pinta tan malo. El otro día descubrí algo interesante y maravilloso, y es ni más ni menos que, a mis 24 septiembres, sigo siendo un tío joven. Algunos es posible que se mofen de esto, o en mejores casos, que no lo entiendan, pero para mí ha sido ver de repente el cielo abierto. Ha habido mucha gente a lo largo de bastante tiempo que me han comentado que no parecía tener la edad que tenía, dejando aparte consideraciones físicas (dos autopistas en la frente), y es verdad. Y creo que ese mecanismo arranca del pasado, de muy atrás, de cuando la única manera que tenía de ser distinto era adoptar pautas de comportamiento pseudoadultas. Gracias a ese mecanismo me he perdido bastante cosas... cosas que me gustaría haber vivido. Pero como eso sería llorar por la leche derramada voy a evitar pensar en ello y voy a aprovechar que aun tengo esta edad para disfrutar de la vida y de las personas.
Aunque pueda parecer increible, ese simple detallito, ese simple chip cambiado, ha cambiado la forma en la que veo el mundo. Es un regalazo que me ha dado la vida a cambio de mucha tristeza, de un ordenador portátil, de perder el amor de una persona y un montón de vivencias. Pero ha merecido la pena. Es algo que puedo compartir con los que me rodean. A partir de ahora tendré más sencilla la tarea de arrancarles sonrisas o de hacer que se sientan más a gusto. Ahora mismo solamente provoco tristeza, pena, y otra serie de cosas no demasiado positivas en la gente. Y creo que va siendo hora de hacer que eso cambie. Poco a poco, pero sin pausa.
sábado, diciembre 13, 2003
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